PARTE DOS

Si a una mujer le causa mucha curiosidad conocer a una sexóloga, pues imagínense lo que puede llegar a ser para un hombre, encontrarse de frente con una sexóloga que hace charlas de sexualidad y juguetes sexuales en despedidas de solteras y reuniones de mujeres y que además hago consulta, y… y…. Si a las mujeres no siempre les menciono el tema de los juguetes, con los hombres soy más cautelosa porque si nada más con saber que soy sexóloga tienen algún tipo de reacción fuerte, imagínense si a cualquier hombre le contara que hay juguetes sexuales de por medio.

Aunque las mujeres suelen pensar que debo tener a mi lado “al hombre más feliz del mundo” o que cualquier hombre se moriría por mí, cuando se trata de hombres, es todo un tema. Muchos se intimidan a tal punto que me lo hacen saber inmediatamente argumentando que: “es que tú debes saber mucho de sexo”, mientras que algunos otros salen corriendo, y obviamente yo salgo corriendo más rápido, en dirección opuesta a ellos. Como hay de todo en este mundo, no faltan otros con reacciones más extremas como un tipo que una vez, justo después de decirle que me especializaba en sexualidad, sin entrar a más detalles, me dijo:

“Casémonos! Vámonos ya… a hacer el amor”, pppffff!!! Que iluso!! Pueden creerlo?

Yo, en ese momento lo miré con mi peor cara y lo mandé a donde ya sabemos… También he recibido comentarios de un par de personajes que después de reflexionar un poco sobre el tema, me han dicho: “Hummm no sabría cómo presentarte a mi mamá o a mi papá que es muy religioso”. Me queda claro que ninguno de esos hombres es para mí y me valida totalmente la frase:

“I´m a sexologist, not a bitch” (que en inglés rima y suena mejor)

Aunque por fortuna hay algunos otros que reaccionan diferente y me han dicho que aunque mi profesión sea intimidante, también les resulta interesante, sin ponerle tanto morbo y prejuicio como los que mencioné anteriormente. Algunas reflexiones y confesiones que hago aquí, entre mujeres.